Seleccionar página

Parafraseando uno de los mensajes que he recibido de mi amigo y maestro Jorge Eduardo Jiménez, en una de las mentorías con él, me dijo algo más o menos así: “de un sueño tranquilo casi nadie se despierta, de una pesadilla, cualquiera”. Fue una de esas reflexiones que quedan en uno para seguir profundizando y ahora que lo pienso es una de esas reflexiones que se vuelven atemporales.

Ésta reflexión por obvias razones ha salido a la luz de mi conciencia en los últimos días. Podríamos pensar que la humanidad venía en un sueño tranquilo; a pesar de tantas situaciones que suceden en el mundo, nada parecía preocuparnos tanto. Ni el calentamiento global y sus consecuencias, ni el resto de miles de males que se pueden evidenciar.

La gran mayoría de los seres humanos estábamos sumergidos en nuestras realidades, tal vez cómodos, tal vez seguros, como también posiblemente preocupados, angustiados, estresados. Sin importar lo bien o lo mal que lo estuviéramos pasando lo que sí es cierto es que la mayoría de cada uno de nosotros estábamos ensimismados en nuestro propio mundo. Donde lo único que importa soy yo. Y con problemas o no, ese venía siendo un sueño tranquilo. Al fin y al cabo estamos acostumbrados a sobrevivir. 

Piensa en la reflexión por unos segundos: “de un sueño tranquilo casi nadie se despierta, de una pesadilla, cualquiera”; y encuentra en la historia de tu vida aquel acontecimiento que fue toda una pesadilla para ti pero de la cual sacaste un aprendizaje invaluable.

Ojo! todos podemos tener momentos en la vida que consideremos como una total pesadilla, pero no todos aprovecharemos para sacar lo mejor de ella. Lo que quiero decir con esto es que aunque una pesadilla despierta a cualquiera, no todos vemos la oportunidad para aprovechar que nos despertó y en ese estado de transe aprovechar para hacer algo significativo. La mayoría de nosotros luego de despertar de una pesadilla lo más seguro es que busquemos nuevamente y lo más rápido posible volver a conciliar el sueño, esperando caer en un sueño tranquilo “normal” hasta que la alarma suene.

El llamado es claro, aprovechemos que la pesadilla nos despertó y no corramos a intentar quedarnos dormidos de nuevo. Aprovechemos y quedémonos despiertos, estiremos el cuerpo y comencemos a reflexionar. Así como cuando hacemos esfuerzo para recordar qué fue lo que soñamos, hagamos un esfuerzo para indagar en lo que nos está sucediendo.

Lo que está sucediendo al mundo, te está sucediendo a ti. ¿Cómo lo estás interpretando? ¿Qué estás sintiendo? ¿Qué emociones predominan en ti por estos días? ¿Qué estás aprendiendo? ¿Cómo estás actuando? ¿Serás el mismo cuando todo pase? ¿Qué cambiará en ti? 

Finalmente es valioso reconocer que no existe pesadilla que no termine. Toda pesadilla pasa. 

Share This